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Con una propuesta factible por su consistencia técnica, y viable a través de una construcción
política consensuada para el largo plazo. Para concretar los objetivos de este Pacto es necesario superar obstáculos y construir alianzas sustentadas en argumentos sólidos para convencer a todos los involucrados en ese proceso. En suma, implica elaborar y proyectar un futuro deseable y, sobre todo, compartido.

Para sincronizar acciones y voluntades, primero hay que compartir una bandera (valores y
compromisos). La bandera es el fin último, y sus fundamentos el horizonte hacia el cual
avanzar. Un Plan de esta naturaleza no es viable sin una imagen compartida del mañana por la
que vale la pena asumir el compromiso de enfrentar los potenciales conflictos venideros (que
aparecen en cualquier sociedad democrática cuando se impulsan cambios que afectan
intereses particulares o, simplemente, rutinas instaladas de larga data). Posicionarse y marcar
este horizonte compartido implica también establecer las alianzas necesarias, sobre la base de
cesiones que prioricen la esencia del objetivo final.

El camino para sumar voluntades comienza desde el consenso como arena sanitaria. Nuestro
objetivo inmediato es presentar esta propuesta a los grupos de opinión involucrados en el
sistema de salud. Es deseable que los diferentes actores de la sociedad —ciudadanos,
académicos, ONGs, financiadores, prestadores, administradores, funcionarios y políticos— se
integren en la construcción de un canal de comunicación que permita construir las bases de un
mejor sistema de atención de la salud.

¿Por qué iniciar este proceso? En primer lugar, porque es una responsabilidad del Estado
garantizar el derecho de los habitantes a protecciones de salud, equitativas y adecuadas.
La Constitución nacional manifiesta que la organización de un sistema de salud en la Argentina
debe realizarse sobre bases federales, considerando la responsabilidad de las provincias en esa
materia. Las provincias han retenido las funciones asociadas a los cuidados de salud, sin
delegarlas en la Nación.

La Carta Magna también incorpora todas las convenciones y tratados de derechos humanos
internacionales que consideran a la salud como un derecho humano, que debe garantizarse a
través de un sistema que efectivice estos principios y valores para todos los habitantes del país.
Dos personas con las mismas necesidades sanitarias deben recibir cuidados idénticos en calidad
y oportunidad. Si no es posible lograr esto en forma inmediata, es fundamental asumir este
criterio como meta hacia la que deben dirigirse las transformaciones progresivas del sistema.
En segundo lugar, porque este camino de convocatoria y construcción permitirá que los
argentinos generen un ámbito adecuado para la discusión y el logro de un acuerdo
indispensable. Este Pacto plasma un núcleo de coincidencias básicas respecto de lo que
deberían ser una futura organización, legislación y modelo prestacional de la salud.
En esta dirección, el Pacto se inspira en la posibilidad de construir un movimiento político
integrado por individuos, organizaciones, funcionarios y legisladores de diferentes partidos que
compartan ese núcleo respecto de lo que debería ser un proceso de reforma, organización y
financiamiento del sistema de salud.