4 pensamientos en “HOSPITAL POSADAS, LA POLITICA MENOS SALUDABLE

  1. Y si de Hospitales hablamos … encontré en la red este interesante artículo de Sergio Lapegüe. A quienes no lo conocen lo recomiendo:

    Domingo Cabred, el médico de los locos que le dio nombre a un barrio. Por Sergio Lapegüe, 2015

    Fue un notable vecino lómense que vivió en Temerle y que dedicó su vida a aliviar el sufrimiento de los que perdían la razón. Puso en movimiento la Sanidad Argentina. La salud mental es como pensamos, sentimos y actuamos cuando lidiamos con la vida. También ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos con otras personas y tomamos decisiones. Al igual que la salud física, la salud mental es importante en todas las etapas de la vida, desde la niñez y la adolescencia hasta la edad adulta. Mantenerse mentalmente sano no siempre es fácil, especialmente durante tiempos difíciles. Seguramente esto y mucho más habrá pensado hace un siglo y medio, allá por el 1890, 1900, un notable vecino lómense, el doctor Domingo Cabred, el “médico de los locos”. En Temperley hay un barrio en Pasco y Almirante Brown que se llama Villa Cabred. El pueblo recuerda que allí existió un hipódromo, que además de carreras de caballos se corrían también de motos y autos, y que esa propiedad pertenecía al doctor Cabred.

    ¿Quién fue Domingo Cabred? Había nacido en Paso de los Libres, Corrientes, en 1859, y desde estudiante quería aliviar el sufrimiento de los que habían perdido la razón. Estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en 1881. Su tesis doctoral fue sobre la “locura refleja”.
    Se destacó como psiquiatra, y logró por concurso el cargo de director del Hospicio de la Merced y posteriormente el de profesor titular de Psiquiatría en la Facultad de Medicina. Fue presidente de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales y perteneció a la Academia de Medicina. Cabred tenía una frente amplia, con cejas tupidas, ojos vivaces y pómulos salientes. Se notaban sus bigotes caídos, que denotaban raigambre francesa. Clemenceau, en 1910, pocos años antes de asumir la Oresidencia del gobierno de Francia, hizo una visita a la Colonia de Open Door, que había fundado Cabred.

    Dijo que habría que sumar una sección para cuerdos, para que pudiesen gozar de la vida que se le brindaba ahí a los locos. Esta colonia, cerca de Luján, había sido inaugurada en 1901. Los locos, por primera vez en Latinoamérica, extraídos de celdas y mazmorras, habían sido reunidos en una comunidad organizada y vivían una utopía que “al decir de Cantón, sólo habrían podido entrever entre los celajes de sus delirios sistematizados”. Cabred fue el precursor que puso en movimiento la Sanidad Argentina y comprendió que la atención médica de los enfermos crónicos en nuestro país debía ser encarada racionalmente, con espíritu humanístico y sentido nacional.
    Con ese concepto se dedicó de lleno a los enfermos psiquiátricos, tuberculosos, alcohólicos, deficientes mentales, leprosos, entre otros. Comprendió el significado social de sus iniciativas, dedicó su vida a la enseñanza médica educacional y a llevar a cabo esta tarea. El 26 de julio de 1926, por iniciativa del doctor Cabred, el Congreso de la Nación sancionó la ley 4953, creando la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Nacionales, que presidió él mismo hasta su muerte, en 1929.

    Esta ley iba a solucionar un grave problema hospitalario del país que se producía por la insuficiencia de establecimientos y el hacinamiento que tenían que soportar los enfermos. Aunque Cabred vivía en la calle Pueyrredón en Buenos Aires, cuando venía el verano se trasladaba con su familia a la quinta que tenía en Temperley y que había comprado en 1907. Estaba casado con Lía González Chávez, quien fue su compañera de toda la vida y su gran colaboradora. Tuvieron 3 hijos: Domingo, Lía Salomé y Jacinto. El doctor Esteves Balado, que fue varias veces presidente de la Academia Nacional de Medicina, dijo que el doctor Domingo Cabred junto con el doctor José Antonio Esteves y Borda, arrancaron a la psiquiatría, relegada lejos de otras especialidades.
    Además, destacó que tanto Cabred como Esteves se preocuparon por mejorar la situación de los hospitales de alienados, que hasta entonces eran simples depósitos de enfermos.

    En 1928, al asumir un nuevo gobierno nacional, un colega que Cabred había separado de sus funciones por cuestiones éticas y profesionales, asumió un importante cargo en Salud Pública. Una de sus primeras medidas fue disolver la Comisión Asesora, que había sido el instrumento utilizado por Cabred para realizar por 23 años su labor sanitarista. La Universidad bautizó con su nombre el Instituto de Psiquiatría que él mismo fundara y el Gobierno nacional impuso su nombre a la Colonia Nacional de Alienados, que era su obra primogénita y que se había convertido en el ejemplo de América. En fin, amigos de “La Unión”, como en otros contactos semanales, hoy pudimos recorrer la historia de un gran profesional, un destacado médico que también supo dejar grandes recuerdos con su paso por nuestra comunidad. Y como otros notorios vecinos, el municipio de Lomas lo honró con nombrar a una calle y un barrio de Temperley con su apellido.

  2. Y recordemos el final de TEORIA DEL HOSPITAL 1951
    Ramón Carrillo OBRAS COMPLETAS I EUDEBA. Buenos Aires

    No parece escrito en este Siglo 21 ???

    Todas estas ideas generales las debe conocer y asimilar un arquitecto porque le corresponderá proyectar:

    1. hospitales de todo tamaño y tipo según las diferentes regiones;
    2. institutos de los más diversos fines y orientaciones;
    3. centros médicos ambulatorios variados y funcionalmente diferentes;
    4. centros sanitarios, centros de salud y ciudades-hospitales; con respecto a estas últimas cabe afirmar que cada da que pase conquistarán nuevos adeptos entre los hombres de gobierno y entre los técnicos en hospitales.

    Si el arquitecto no está compenetrado del espíritu y la doctrina de salud pública, no podrá comprender nunca una arquitectura social como es la arquitectura hospitalaria y la arquitectura vinculada con las diversas especialidades de la medicina. Si el médico ignora los principios que enuncio en estas páginas preliminares, no podrá ser un médico de salud pública consciente y responsable de su misión.

    Si el médico sanitario ignora la técnica de la planificación y la administración de un hospital, que expondré más adelante, no puede ser un director de establecimiento ni ocupar cargo directivo alguno dentro de la repartición. A ellos van dirigidas estas normas y estas orientaciones modernas recogidas de la experiencia. He tratado de crear en la clase médica la preocupación, ahora inexistente, acerca de la administración sanitaria. El 9 de diciembre de 1947 propuse, en el Congreso Nacional de Medicina, al inaugurarlo en La Plata como ministro de Salud Pública, que se creara una sección de “Planificación Hospitalaria”. La ciencia de la Organización

    Hospitalaria resulta de la necesidad de administrar racionalmente los establecimientos asistenciales y estudiar los nuevos proyectos en relación con las funciones. Declaró entonces “que en esa materia estamos en los primeros balbuceos, por no decir en pleno empirismo. Nuestros médicos -salvo excepciones de algunos funcionarios-, poco o nada se han preocupado de la planificación de un hospital y de su manejo especializado, siendo contados los que conocen, por ejemplo, lo que son servicios generales, esto es, la instrumentación racional de cocinas, roperas, lavaderos, crematorios y los mil pequeños detalles que aseguran la administración científica de un establecimiento, es decir, su elevada eficacia técnica y social, con el mínimo de costo y el máximo rendimiento. Nuestros hospitales, actuales y futuros, reclaman que los médicos tomen en serio la necesidad de especializarse en administración hospitalaria, que es una de las más complejas y difíciles que existen. Actualmente, cualquiera, por el solo hecho de ser médico, considera que puede dirigir un hospital; y la cosa no es tan fácil. Lo dirigiré, pero a costa de los enfermos, de su alimentación, del mal servicio, de un enorme dispendio de dinero y de la desorganización integral del establecimiento. Luego, se le atribuye todo a la falta de fondos, cuando se trata en realidad de falta de conocimientos administrativos, los cuales, de existir, hubieran obligado a un planteo matemático de los gastos y a su jerarquización en relación con los servicios”.

    La medicina organizada y dirigida por el Estado es un caso particular de la racionalización, de la organización científica y ordenamiento racional de las actividades humanas que nací en Descartes, y sigue con Taylor y con Fayol. Ellos hicieron la filosofa de la organización, pero no podemos olvidar a Solvay, creador de la “energética social”, ni a Goldscheider, el visionario de la economía humana, los que, a principios de este siglo, percibieron cosas que solo ahora nosotros estamos redescubriendo. Actualmente, estas ideas están entrando en su fase de aplicación práctica. Aquellos hombres eran teóricos, visionarios; nadie pensó entonces que años después sus doctrinas iban a tener vigencia y actualidad, y que evitaran, en cierto modo, el choque del individuo con la sociedad

  3. Estimados colegas esto no es una vuelta de tuerca, ni copiar y pegar es meditar … para escribir estoy escribiendo y les confieso que cada vez que llego a mi trabajo (tengo ganas de llorar) … Aquellos que lo conocen me comprenderán.
    Antonio

    Artículo histórico
    Recibido para publicación: 09/03/07 Aceptado:25/05/07 Correspondencia: Ariel Sánchez e-mail: asanchez@cimero.org.ar
    Semblanza del Dr. Arturo Oñativia – Ariel Sánchez Centro

    En 1955 regresó a Salta. Por aquellos años, las estadísticas señalaban una altísima prevalencia de bocio por carencia de yodo en la población del Noroeste andino: era del 41%, y en algunas regiones subía al 100%. Preocupado con las consecuencias humanas, sociales y económicas de esa enfermedad, se abocó a la creación del Instituto del Bocio, concitando múltiples apoyos: de la población local, de la Universidad de Tucumán, de los gobiernos de las provincias afectadas y el de la Nación. El Instituto cumplió con estudios epidemiológicos, con el tratamiento de innumerables enfermos, con tareas de investigación y de docencia, ya que en él se formaron numerosos especialistas, clínicos y cirujanos. En 1963, durante la presidencia del doctor Arturo Illia, fue convocado para ejercer el cargo de Ministro de Salud Pública. Desde ese cargo, Oñativia pudo plasmar su objetivo de erradicar el cretinismo bocioso a través de la promulgación de la ley nacional 17.259, que obligaba a usar la sal enriquecida con yodo como profilaxis del bocio endémico. La sal yodada pasó a ser obligatoria para consumo alimentario humano y animal. Esta ley se fundamentó en estudios realizados en diferentes provincias, como Catamarca, Chaco, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, San Juan, San Luis, Salta, Tucumán y Tierra del Fuego, en las que el índice de bocio oscilaba entre 12 y 50%. Oñativia impulsó toda una serie de iniciativas fundamentales: la ley de Reforma del Sistema Hospitalario Nacional y de Hospitales de la Comunidad, y la creación del Servicio Nacional de Agua Potable. Asimismo, fue de importancia estratégica las leyes de Medicamentos (Nº 16.462 y 16.463, de 1966), conocidas como “ley Oñativia”, que le daban al medicamento un carácter social. Esta ley tocó importantes intereses económicos, y es considerada uno de los factores que llevaron al golpe de Estado que derrocó al gobierno de Illia. Luego de la revolución regresó a Salta, desoyendo consejos y ofrecimientos para que siguiera desarrollando actividades profesionales en Buenos Aires (Houssay mismo quiso tentarlo para continuar su carrera científica en la capital del país). Su honestidad queda demostrada por el hecho de que sus comprovincianos debieron recolectar fondos para conseguirle casa y auto, para que pudiera trabajar como médico en su ciudad natal. Bajo la dictadura, fue dejado cesante en el Instituto del Bocio. Pero no se detuvo: dirigió su atención a la grave desnutrición infantil que asolaba el Noroeste. Creó el Instituto de Investigación en Enfermedades Nutricionales, la carrera de Licenciatura en Nutrición, y la de Enfermería Universitaria. Si bien tenía el apoyo de la Universidad de Salta y de la OPS, este valioso proyecto se interrumpió por falta de apoyo estatal. Nunca abandonó la docencia, que ejerció a la par de sus notables estudios clínicos y epidemiológicos. Recibió numerosos premios y distinciones. Fue miembro de la Academia de Medicina de Córdoba y de la Academia Nacional de Medicina. Murió a los 69 años, antes de que se realizaran las elecciones en que competía como candidato a gobernador de Salta.

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