Home

Armando M. Reale

No hay un sistema de salud perfecto pero puede valorarse según los resultados que obtiene en términos de salud y económicos.

Los sistemas hegemónicos o dominantes observan un mejor desempeño de aquellos en los que coexisten en competencia más de un modelo.

Por otra parte en los países en los que el modelo público esta consolidado, el camino hacia la cobertura equitativa está más cerca que los aludidos modelos bi y tripartitos (Público – Seguro Social- Privados )

La característica fundamental y común denominador es la capacidad de gobierno, la gobernanza, definida como el arte de gobernar que tiene como objetivo el logro de un desarrollo social, econó9mico e institu7cional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economia,  haciendo posible actuar en la dirección correcta.

Estos sistemas no han permanecido estáticos sino que buscan perfeccionarse y reaccionar frente a los nuevos problemas, con la finalidad de mantener la universalidad del sistema y sostener el financiamiento, tanto en la accesibilidad como en la provisión de servicios frente a las necesidades sanitarias de la población, como respuesta a los nuevos desafíos demográficos, tecnológicos y económicos.

Estos cambios, reconocidos como reformas son indicadores de la evolución de un sistema de salud, los que pueden verse como un proceso continuo de mejoras que pueden dar lugar a una nueva configuración del modelo, capaz de cotntribuir  al logro de los resultados esperados y controlar los no deseados.

En otros casos, el cambio profundo se hizo a expensas de la fuente de financiación toda vez que ella condicionan a los demás componentes del sistema, dando lugar a modelos híbridos, con incentivos a la eficiencia.

El análisis situacional de nuestro caso nos revela que estamos en un modelo pluralista, en competencia, que al menos en el discurso aún conserva ciertos valores que hay que redescubrirlos.

Las propuestas que tratan de resolver los problemas que plantea nuestro sistema sanitario suelen tener un nivel teórico, a veces dialéctico o académico, que siempre están referenciadas a informes de otros organismos o a reformas producidas en otros países.

En la práctica, cuando se trata de abordar alguno de los problemas preocupantes, no se alcanza a superar las tendencias consecuentes al grado de autonomía que han adquirido los actores, así como los componentes de los subsectores, sean nacionales o provinciales.  Por tal razón, no se ven reformas, ni es percibida la sensible transformación que ocurre en el modelo de atención, que lejos de producir correcciones o mejoras  profundiza los problemas o en el mejor de los casos, complejiza su funcionamiento.

Todos los sistemas de salud son  complejos, algunos más que otros, porque están compuestos por elementos interrelacionados entre sí y con el ambiente económico y político, que requieren ser reconocidos si se quiere producir un abordaje general, preservando los caracteres originales el modelo.

 La complejidad es un rasgo descriptivo de los sistemas de salud, razón por la cual se requiere realizar un enfoque simplificado, definido como el conjunto de componentes que exhiben propiedades similares, sin que la ausencia de alguna característica afecte al conjunto.  Se trata entonces de pensar en alternativas por separado de dichos componentes.  Los que están gobernados desde Buenos Aires  y los que dependen de las provincias, entre los que se destaca a los hospitales públicos que deben jugar un papel importante en la cobertura de la población no financiada por seguros.

Las decisiones políticas que resulten en reformas que mejoren la accesibilidad, el incremento de la eficiencia de los servicios y la reducción de las desigualdades, deben conocerse las intimidades de un modelo que no creció a favor de la definición previa del sistema de salud, sino que se desarrolló de manera consecuente y adaptativa de otras políticas e intereses.

En la búsqueda de avanzar progresivamente hacia un sistema que satisfaga los atributos de calidad, hay consenso en que la segmentación y la fragmentación sostienen las inequidades.

La segmentación es una estrategia de mercado que interesa a las empresas al permitirles que sus productos alcancen a diversos grupos o segmentos de la demanda de una población.  Ésta ventaja no es aplicable en términos de salud ya que supone la división de la población en grupos con distintas características socioeconómicas y consecuentemente, diferentes respuestas a sus necesidades sanitarias.  Es aquí donde la publicidad y la producción tecnológica, presionan y crean confusión entre necesidades reales y deseos o aspiraciones. Se produce en consecuencia un desequilibrio entre la oferta y la demanda, generando un gasto que no integra los recursos solidarios del sistema.

La segmentación, al dividir un  conjunto en partes, cuyos integrantes comparten características,  conforman grupos que pueden reconocerse como subsectores.  Pero esas características o variables presentan diferente magnitud afectando los resultados en cada uno de ellos en términos de accesibilidad, suficiencia y oportunidad de la atención. En otras palabras la suma de los éxitos individuales no quedan expresados en el resultado total.

Fragmentar es dividir un todo en partes, es lo opuesto a integrar.  Los componentes del modelo de atención pese a sus características comunes, operan con cierta autonomía más allá de las regulaciones, que muchas veces con distinto alcance y competencia terminan contribuyendo a mantener la fragmentación.

La fragmentación no sólo es geográfica, poblacional política, de gestión y de recursos, sino también existe al interior de los subsectores, lo que se expresa como un conflicto de intereses, constituyendo así un grave problema.  La mayor dificultad está en que lo que se discute es la propiedad, sea financiadora o proveedora,  si estatal o privada, si provincial o municipal.  Lo que importa en un sistema de salud, no es la propiedad, sino que funcionen para el orden público.

Lo opuesto a la fragmentación es la integración que significa salir de un modelo de competencia para transitar hacia otro de cooperación para atender las necesidades de las poblaciones, una modalidad organizativa que procure sinergia y complementación.

El término integración inquieta porque se le atribuyen condiciones para alcanzarla que afectan  a cada uno de los actores y a las instituciones.  Sin embargo se puede lograr de muchas maneras, a través de  hilos conductores como serían el modelo proveedor, el modelo de gestión, pero fundamentalmente a través de la obtención de los resultados que independientemente de como se organicen deben ser similares.

El futuro del sistema de atención requiere pensar en cambios graduales mejorando los instrumentos existentes con coherencia técnica y adaptación social, estrategia que necesita la definición de la Visión, que guíe la acción.

El desafío es organizar el sistema que al pasar de un modelo de competencia a otro matricial necesita también trasladar recursos que posibiliten que cada jurisdicción asuma sus responsabilidades, contribuyendo así al fortalecimiento del federalismo, para el abordaje de los problemas de salud y en la convergencia de los clásicos modelos sanitarios para determinar las reglas del sistema.

e

 

 

Deja un comentario