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Esta semana, Aldo Neri comparte un articulo que nos invita a reflexionar sobre el estado de la medicina en el país. Los invitamos a todos a hacer sus comentarios y expresar su opinión frente a esta temática. Este espacio se encuentra al final de la página.

 

Hemos elegido la medicina de mercado

Por Aldo Neri*

 

El 6 de mayo, en esta página, se publicó un excelente artículo del Dr. Carlos Gherardi en el que describe la progresiva judicialización de los actos médicos en nuestro medio y sus consecuencias negativas sobre el binomio medico-paciente. En definitiva, cómo la amenaza del juicio no sólo afecta la tranquilidad del profesional, sino también altera las conductas más convenientes para el paciente. Quisiera aquí aportar algunas ideas complementarias respecto a un asunto tan gravitante sobre la verdadera utilidad social de un sistema vital, complejo y costoso como es el de salud.

Las instituciones sociales funcionan en parte respondiendo a las necesidades colectivas que explican su existencia, y en parte a los incentivos que condicionan el comportamiento de sus actores principales, incluida la población a la que sirven.  Incentivos que pueden ser morales, económicos, emocionales conscientes o inconscientes, o incluso fantasías cuasi mágicas. En el campo de la salud, poco o mucho, se combinan todos.

Las modalidades de organización de los servicios médico-asistenciales son un fuerte determinante del perfil de incentivos vigente. En el caso argentino vale destacar algunos atributos para caracterizarlas: gran fragmentación institucional, pareja dispersión de marcos normativos tanto científicos como administrativos, premio económico y de prestigio a la superespecialización, abuso en la utilización de tecnologías complejas para sectores usuarios con buena financiación, extrema liberalidad en el mercado de fármacos, con expansión de los de venta sin receta bajo fuerte presión publicitaria, acompañado por desprecio a la exigencia de receta en los otros casos, elevado componente del gasto directo del bolsillo de las personas, mayor en los más pobres en proporción a su ingreso… y habría muchos más atributos para consignar.

Esto se llama medicina de mercado, con la población dividida en bolsones de acceso y calidad de servicios en buena parte relativizada por su condición económica, laboral, o su capacidad de presión política. Modelo importado por nosotros desde los Estados Unidos, en la reiteración de imitar las malas cosas y no las buenas de los países exitosos. Un espejo nacional que gasta 16% del PBI en servicios asistenciales, tiene 45 millones de excluidos, e indicadores de salud bastante peores que otros países más pobres.

Pero hay todavía más distorsiones legales que promueve esta medicina de privación y despilfarro como es la de mercado, y que se suman al crecimiento de la desconfianza y el temor mutuo que legítimamente preocupan al Dr. Gherardi : el fuerte lobby de sectores de interés sobre el Congreso para que las leyes obliguen al estado, prepagos y obras sociales a garantizar determinadas prácticas de costo elevado no pocas veces aún inciertas en su eficacia e inocuidad; o brindar una cobertura especial a determinadas patologías poco difundidas, en tanto que estamos descuidando cotidianamente otras socialmente significativas que enferman y matan a muchos más conciudadanos.

Es un lento y duro aprendizaje para la sociedad y la profesión médica entender que más medicina y más anarquizada es un boomerang de injusticia; que un sistema ordenado debe precisar también lo que no va a hacer o cubrir, con fundamento humanístico y científico, y que hay que legislarlo para proteger a los pacientes y a los profesionales de una litigiosidad perversa; que en un sistema más unificado y fuera del mercado comercial existe mucha más capacitación y control interno interpares que disminuyen el riesgo de la eventual malapraxis ; que más medicina no es sinónimo de mejor medicina, sino muchas veces lo contrario; que la medicina de mercado lleva a que cada sector social se encierre en su cubículo de protección carente del respaldo del interés común y solidario; que el ideal de un profesional de la salud o de un grupo de ellos no debe ser transformarse en una pyme exitosa, porque son roles y objetivos legítimos y socialmente necesarios pero diferentes.

En fin, lo que abruma es el silencio, o la superficialidad en la discusión de estos asuntos. Obsesionados por la coyuntura, sentimos que todo es como es e inevitable. El mayor desafío de la gran política en Argentina es construir, en este y en tantos otros campos, la convicción de que la voluntad racional de reforma en un pueblo es también un factor determinante de su destino.

 *No quedó registrado el lugar de publicación, por omisión del autor.

3 pensamientos en “Hemos elegido la medicina de mercado

  1. Quisiera aportar una evidencia en favor de la tesis de que hemos elegido la medicina de mercado: La segunda Encuesta Nacional de Opinión de los Usuarios del Sistema de Salud que realizó la Fundación del Sanatario Guemes detectó que los argentinos estamos bastante satisfechos con el sistema de salud y sin embargo el 85% considera que en nuestro país “toda la población no tiene igual acceso a los servicios de salud”. En otras palabras, en salud pública estamos asistiendo un escape hacia el individualismo.
    Podría decir que interpreto esto como que se acabó el malestar en la cultura. Se acabó la culpa. No me importa más que estemos bailando en la cubierta del Titanic porque ya tengo preparado mi bote salvavidas. Quiero decir que Mi intención no es atribuirle la responsabilidad de esto a ningún gobierno. Estamos analizando cómo se construye socialmente la salud en Argentina. Y mi interpretación es que no se construye socialmente sino individualmente.
    La diferencia ontológica entre medicina y salud pública consiste en que mientras la medicina busca mejorar las condiciones de salud de un individuo (el ”paciente”), la salud pública busca mejorar las condiciones de salud de una población. La salud pública solo se conjuga en plural. No hay salud pública si yo estoy bien pero otro está mal. O mejor dicho eso que para la medicina podría ser un éxito para la salud pública es un fracaso rotundo.
    El 85% de los argentinos admiten que no existe tal cosa como “salud para todos y todas”, pero igual están relativamente satisfechos con el sistema de salud que tenemos. Pero examinemos como se construye esa satisfacción. La satisfacción es una percepción que se construye en el encuentro entre las expectativas albergadas por los actores y lo recibido en términos de respuestas objetivas. Si las condiciones materiales no han cambiado y la satisfacción sube, lo que está sucediendo es que las expectativas están cayendo. No podemos decir que la satisfacción haya crecido en forma relevante porque ya era alta en el estudio del año anterior y porque solo ahora estamos construyendo un índice de satisfacción para monitorear su evolución en el tiempo. Pero creo que si sabemos que hoy los argentinos nos contentamos con un sistema de salud no igualitario.

  2. Hemos hecho de la salud un shopping. Entonces la satisfacción es alta porque a los argentinos nos encanta ir de compras. Que tengamos la mayor tasa de mortalidad por afecciones cardiovasculares del mundo pasa desapercibido. Que la mortalidad materna es hoy mayor que la que teníamos en 1986 también puede pasar desapercibido. Sencillamente porque el sistema no está orientado a lograr impacto en términos de resultados de salud. Nadie premia con su voto, con su opinión ni mucho menos con su dinero al sistema de salud que consigue mejores resultados. Porque el sistema de salud no está para conseguir mejor salud para todos sino para brindar prestaciones en forma acrítica cada vez que alguien (que pueda) la quiera demandar.
    La mencionada encuesta de opinión muestra que en casi la mitad de los casos los argentinos buscamos una segunda opinión. Esto es coherente con que registremos tasas de utilización mayores que nuestros vecinos pero no mejores resultados de salud.
    Es que si la utilización se transforma en consumo en lugar de conretar cuidados de salud, entonces los recursos nunca alcanzan.

  3. Como en la alegoría de la caverna, que narraba Platón, en este caso los sanitaristas como Aldo Neri son los únicos que perciben y denuncian un problema. La población (convertidos en consumidores más que en pacientes) no ven un problema y están relativamente satisfechos (aún cuando reconocen que en Argentina no hay salud para todos y todas). Por otro lado, los políticos no quieren comprar conflictos donde no hay miga electoral.
    El resultado es que, mientras cada uno atiende su juego, se degrada y esfuma la salud en tanto bien social.

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